Un experiencia en México


Melina Weiss, tiene 24 años, estudia la carrera de  Bioingeniería en la Facultad de Ingeniería -sólo le queda cursar una materia y realizar el Proyecto Final para recibirse. Al momento de viajar a México, cursaba el quinto año de la carrera. En esta nota, comparte su experiencia.
 
-¿Cómo fue la experiencia México y cuándo fuiste?
 
-Comenzó en septiembre de 2015 y finalizó en enero de 2016, experiencia que volvería a repetir si tuviese la oportunidad de hacerlo. Durante el período de intercambio, asistí a clases de la licenciatura en Ingeniería Biomédica de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Iztapalapa, de la Ciudad de México. Fue muy interesante encontrarme, el primer día de clases, en una universidad desconocida para mí, con nuevos compañeros y profesores. Me sentí como cuando ingresé a la Facultad. Por suerte me crucé con gente muy amable y no fue muy difícil hacer nuevos amigos y sentirme cómoda en ese nuevo lugar.

Asimismo, realicé mi Práctica Profesional Supervisada en un hospital de alta complejidad, especializado en enfermedades respiratorias, el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias Ismael Cosío Villegas (INER), en el cual trabajé con los Ingenieros del Departamento de Ingeniería Biomédica. Esta fue una experiencia muy enriquecedora en la que pude sumergirme en el ambiente laboral del hospital, conocer sus instalaciones y
aprender a partir del trabajo de futuros colegas y de la interacción con profesionales de la salud.

-¿Viviste siempre en Ciudad de México?
La mayor parte de este período estuve viviendo en la Ciudad de México, o Distrito Federal, aunque los fines de semanas que tuve la posibilidad de viajar, lo hice, por lo general con amigos. Creo que uno de los desafíos más grandes con los que me encontré fue el de vivir en esta ciudad, la cual amé y odié muchísimas veces (por suerte fueron más las que la amé).

Distrito Federal es realmente inmenso, imponente, superpoblado (tanto de personas como de vehículos).  Sus veredas se encuentran repletas de puestos callejeros de comidas, muchas de ellas deliciosas y sobre todo ¡picantes! La cultura florece desde abajo de la tierra, literalmente, ya que la ciudad se construyó sobre la antigua capital de Imperio Azteca, Tenochtitlan.